Descripcion:

El autor parte de una afirmación: el psicoanálisis con niños es un chino. Pero no porque se trate de una tarea difícil, compleja o irrealizable, sino porque procede a través del principal recurso que la cultura china dispuso para producir sentido: el rodeo. Tanto en los encuentros clínicos con un analizante-niño, como en las entrevistas con sus padres y parientes, el analista interviene a través del sesgo, la influencia y la disponibilidad (ideas claves de la filosofía china) para favorecer los efectos analíticos. Lejos del ataque frontal al síntoma, el analista que no retrocede ante los niños incide sobre este de modo oblicuo.

El recorrido introduce una pregunta difícil, incómoda, acerca de la posición del analista ante los padres y parientes de su analizante niño: “¿Será porque esta gente, estos padres y parientes que vienen a vernos, están tan mal posicionados ante el síntoma del niño, tan desfallecientes, tan divididos, destituidos y desautorizados, que los analistas gozan atacándolos de frente?”. Es una pregunta sobre la que conviene reflexionar porque incluye una opción ética.

Una vez más, el lector se encontrará con un analista hablando de su quehacer, cuestionándose, exigiéndose dar cuenta de los fundamentos de su posición recurriendo a ideas de otro campo, pero sin traicionar al psicoanálisis.

El psicoanálisis con niños es un chino. 2° edición. Pablo Peusner

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El autor parte de una afirmación: el psicoanálisis con niños es un chino. Pero no porque se trate de una tarea difícil, compleja o irrealizable, sino porque procede a través del principal recurso que la cultura china dispuso para producir sentido: el rodeo. Tanto en los encuentros clínicos con un analizante-niño, como en las entrevistas con sus padres y parientes, el analista interviene a través del sesgo, la influencia y la disponibilidad (ideas claves de la filosofía china) para favorecer los efectos analíticos. Lejos del ataque frontal al síntoma, el analista que no retrocede ante los niños incide sobre este de modo oblicuo.

El recorrido introduce una pregunta difícil, incómoda, acerca de la posición del analista ante los padres y parientes de su analizante niño: “¿Será porque esta gente, estos padres y parientes que vienen a vernos, están tan mal posicionados ante el síntoma del niño, tan desfallecientes, tan divididos, destituidos y desautorizados, que los analistas gozan atacándolos de frente?”. Es una pregunta sobre la que conviene reflexionar porque incluye una opción ética.

Una vez más, el lector se encontrará con un analista hablando de su quehacer, cuestionándose, exigiéndose dar cuenta de los fundamentos de su posición recurriendo a ideas de otro campo, pero sin traicionar al psicoanálisis.